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Silvia San Martín
Clases

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Cuando menos es más…

Jueves, 16 de octubre de 2014

AbsurdoVivimos en un mundo sin sentido y cada día estoy más convencida de ello.

Nos sobra el 80 % de las cosas que tenemos y el mundo iría mejor si la gente se preocupara más por los demás.

Me alegro enormemente de vivir en mi mundo y de pasar totalmente de los convencionalismos. Gracias a Dios no me he vendido por un trabajo de 8 a 15h ni me he casado con el supuesto “hombre perfecto”, ya que ninguna de las dos cosas me hubiera hecho feliz.

La gente se empareja, muchas veces por razones que nada tienen que ver con el amor. Después se compran una casa, cuanto más grande mejor, y la llenan de muebles carísimos para impresionar a las visitas. Eso sí, muchas de esas casas son tan impersonales que dan miedo. Después vienen los niños, que a veces no son queridos y solo los tienen porque se supone que es lo correcto. Pero años después llega el divorcio y todo se rompe. Lo que más pena me da es ver como muchos padres y madres utilizan a los hijos como moneda de cambio y donde se supone que hubo amor, ya solo hay odio y ansia de dinero. Yo no lo entiendo…

Nos acostumbran a un consumismo exagerado y compramos cosas que no necesitamos. ¿De verdad es necesario una casa tan grande? No. ¿Un coche tan grande? No y además no es práctico para aparcar en Madrid. ¿Un bolso tan grande? De verdad que no: uno pequeño con lo imprescindible es suficiente. Y así podría seguir construyendo una enumeración sin límite…

¿Y qué decir de las comunidades de vecinos donde el comportamiento de algunas personas sería un claro ejemplo del esperpento de Valle-Inclán? Hoy en mi edificio alguien ha robado el palo de la fregona de la chica de la limpieza y han armado un escándalo que no se entiende. ¿De verdad la gente no tiene problemas mayores que discutir por el palo de una fregona?

Me alegro enormemente de vivir en mi mundo, porque el mundo sin sentido que nos rodea cada día me da más miedo. Quiero ser feliz, no quiero hacer lo que los demás me indican que tengo que hacer. Yo procuro ser feliz escribiendo, escuchando música, tocando mis guitarras, enseñando a mis alumnos… Y cuando quiero a alguien se lo digo, porque quizá no haya un mañana. Hoy estoy aquí y eso es lo que cuenta. Dejémonos de preocuparnos por tonterías y dejemos que cada uno sea feliz a su manera, que bastantes golpes nos da ya la vida, como para que nos hagamos daño unos a otros sin necesidad.