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Silvia San Martín
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El triste Día de la Mujer

Hoy no quería escribir nada sobre este día porque solo tendremos algo que celebrar el día en que no exista el Día de la Mujer, lo mismo que no existe el Día del Hombre, porque solo entonces habremos alcanzado la plena igualdad.

Desgraciadamente, esta tarde presencié una conducta machista que me hizo comprender que tenía que escribir algo. Estaba tomando un refresco en un descanso y un hombre (no lo calificaré de señor porque para eso debería tener educación) le dijo a la camarera: “Parece que estás un poco despistada, como se nota que es el Día de la Mujer”. Vamos, que me tuve que sujetar para no ir a cantarle las cuarenta. La camarera se limitó a sonreír, supongo que para no tener problemas en su trabajo. Si me lo hubiera dicho a mí, le hubiera contestado: “Quizá yo esté un poco despistada, pero lo mío es temporal; sin embargo, lo suyo parece un problema permanente, quizá de nacimiento, debería hacérselo mirar”. Lo que también me llamó mucho la atención es que la mujer que lo acompañaba no le echó la bronca; esas actitudes no se deben consentir.

Por cosas como esta y otras mucho más graves, hay que seguir celebrando el Día de la Mujer para reivindicar nuestros derechos, aunque realmente lo único que queremos es que nos traten como a personas. De los malos tratos ya ni hablamos porque es increíble lo que está pasando en nuestro país y me temo que mientras no se cambie la educación y a los niños se les enseñe desde pequeños a hacer las tareas del hogar y a respetar a las mujeres, esto no se solucionará.

Las mujeres lograrán su libertad el día en que sean independientes económicamente, porque solo entonces elegirán estar al lado de alguien por amor y no por dependencia. Para ello, la brecha salarial tiene que desaparecer; hombres y mujeres deberían cobrar lo mismo por el mismo trabajo. Todas las mujeres deberían estudiar y trabajar para tener una carrera profesional y, por supuesto, no deberían encontrarse obstáculos en el camino como los que todavía hay.

Soy consciente de que soy una afortunada, porque fui a la universidad, tengo mi trabajo, mi casa… No tengo que depender de nadie y las decisiones las tomo yo. Evidentemente, también me encontré obstáculos en el camino y me crucé con muchos cretinos y, de vez en cuando, todavía me sigo encontrando con alguno, aunque, por suerte, ahora tengo más libertad para mandarlos donde deben estar. Pero también sé que esto no es así para muchas mujeres. Por ello tenemos que seguir luchando todas y, desde luego, no tolerar ninguna actitud machista, porque no hacen ningún bien a la sociedad.

¡Ojo! La lucha no es de todas; es de todos. Hombres y mujeres debemos luchar unidos para que ninguna mujer tenga que sufrir discriminación en ningún ámbito de su vida nunca más.

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